La presidenta Claudia Sheinbaum atraviesa una de sus semanas más difíciles desde que llegó al poder, enfrentando múltiples escándalos que comprometen a funcionarios de la llamada Cuarta Transformación.
Hace un mes, la mandataria vivió días complicados que la mantuvieron a la defensiva en sus conferencias matutinas. En respuesta, el gobierno realizó arrestos de alto perfil como los de los exgobernadores Ernesto Ruffo y Ángel Aguirre, figuras del PAN y PRD respectivamente.
Esas detenciones sirvieron temporalmente para desviar la atención de problemas más graves que afectan directamente al actual gobierno. Sin embargo, la estrategia solo funcionó durante un par de semanas.
Uno de los casos más delicados involucra a Marina del Pilar, gobernadora de Baja California. Se dieron a conocer audios donde aparentemente intenta negociar con autoridades estadounidenses después de que le cancelaran su visa para entrar a Estados Unidos.
La situación se complica con el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y nueve de sus colaboradores cercanos. Autoridades estadounidenses los acusan de tener vínculos con el crimen organizado, y al menos dos de ellos ya colaboran como testigos protegidos.
El lunes pasado salió de prisión Gerardo Mérida, una pieza clave que estuvo detenido tres meses. Según reportes, Mérida ha entregado información importante que podría vincular a figuras prominentes del gobierno actual, a cambio de reducción de sentencia y protección.
La semana pasada sumó nuevas controversias. La presidenta envió a Luisa María Alcalde a presentar listas de periodistas y medios de comunicación con señalamientos que fueron interpretados nacional e internacionalmente como intentos de censura.
Horas después, Andy López Obrador, hijo del expresidente, publicó una carta dirigida a Donald Trump confirmando la cancelación de su visa estadounidense. En el texto, adopta un tono de reproche y, desde su posición sin cargo oficial, exige la renuncia de Marco Rubio, quien podría convertirse en una figura clave en la administración estadounidense.
Estos acontecimientos han llevado a Sheinbaum a mostrar irritación en sus respuestas a periodistas críticos durante las conferencias matutinas. La presión aumenta porque mientras en México intenta defender a sus aliados, en Estados Unidos continúan presentándose evidencias en su contra.
Los casos no parecen detenerse y el cerco contra funcionarios de la actual administración sigue creciendo, poniendo a prueba la capacidad de la presidenta para manejar crisis simultáneas.

