Una sentencia histórica en Francia ha sacudido al mundo empresarial internacional. La cementera Lafarge fue declarada culpable de pagar millones de dólares a grupos terroristas en Siria para mantener sus operaciones durante la guerra civil.
El Tribunal Penal de París determinó que la empresa realizó pagos por aproximadamente 6.5 millones de dólares a tres organizaciones yihadistas, incluido el Estado Islámico, entre 2013 y 2014. Los sobornos tenían un objetivo claro: mantener funcionando una planta en el norte de Siria pese al conflicto.
Ocho exdirectivos de la compañía también fueron condenados por financiar el terrorismo internacional. Entre ellos destaca Bruno Lafont, exdirector ejecutivo de Lafarge, quien recibió una sentencia de seis años de cárcel con ingreso inmediato a prisión.
Lafont dirigió la cementera entre 2007 y 2015. A pesar de la condena, él insiste en su inocencia y afirma haber dicho siempre la verdad. Sus abogados ya anunciaron que apelarán el veredicto.
Según el tribunal, el dinero entregado al Estado Islámico habría permitido al grupo terrorista «preparar atentados», incluido el ataque contra el semanario Charlie Hebdo en enero de 2015, que conmocionó a Francia y al mundo.
La defensa de Lafont rechaza la sentencia. Su abogada, Jacqueline Laffont, calificó la decisión como injusta y sin pruebas suficientes. Argumenta que el tribunal simplemente presumió la culpabilidad de su cliente por el hecho de ser presidente de la empresa.
Lafarge actualmente es propiedad del conglomerado suizo Holcim. La empresa emitió un comunicado reconociendo la sentencia y describiendo los hechos como una «violación flagrante» de su código de conducta.
La compañía calificó la decisión como un «hito importante» en sus esfuerzos por abordar responsablemente este tema heredado de hace más de una década.
Expertos legales consideran que esta condena es histórica y podría cambiar la forma en que las multinacionales operan en zonas de conflicto. La sentencia sienta un precedente sobre la responsabilidad corporativa en contextos de guerra.
El caso demuestra que las empresas internacionales no pueden escudarse en la necesidad de hacer negocios para justificar pagos a grupos terroristas, sin importar las circunstancias o la presión del entorno.
Fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/c80mnnken38o?at_medium=RSS&at_campaign=rss

